EDUCAR PARA LA VIDA INCLUYE LA MUERTE

19/10/2019

EDUCAR PARA LA VIDA INCLUYE LA MUERTE

En la cercanía del día 2 de noviembre, festividad de todos los fieles difuntos, no estaría de más - además de celebrar Halloween - recordar que vida y muerte son las dos caras de la misma moneda y que, si educamos para la vida, también debemos educar para la muerte.

Si muerte, vida y amor son los temas más repetidos en la historia de la literatura, del cine, del arte, porque son temas plenamente humanos - aquellos en los que todos nos encontramos, en los que todos tenemos algo que decir porque todos tenemos algo que sentir - son temas que deben estar presentes en la educación, no podemos escamoteárselos a niños y jóvenes.

Sin embargo la consigna en la sociedad actual parece que sea ignorar aquello que hace sufrir, lo que molesta, por tanto eludir la muerte. Pero, por mucho que se cierren los ojos, la realidad es muy persistente.

Es verdad que la muerte lleva consigo el dolor, que a nadie gusta, pero pobre aquel a quien le impidan sentir todo dolor, aquel a quien le eviten siempre el sufrimiento, dice la psicología que no conseguiría alcanzar la madurez como persona.  Los hilos con los que trenzamos la vida son goces y alegrias, dolores y sufrimientos, esperanzas y desencantos... Debemos contar con todos.

Necesitamos saber y enseñar a mirar de frente a la muerte, no como negación de la vida, sino como parte integrante de la misma.

Educar para la vida incluye la muerte. Educar desde la fe es añadirle la esperanza, la pequeña, firme, tesonera esperanza confiada de que la muerte es el paso a la VIDA con mayúsculas, la que no acaba, aquella para la que el ser humano está diseñado. 


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